Palabras clave: 26 de marzo de 2026, Tony Phillips, $LIBRA memecoin, Argentina, corrupción, economía, economía energética, finanzas, CIADI, Javier Milei, periodismo, libertarismo, Martínez de Hoz, América del Norte, petróleo y gas, economía política, América del Sur, Estados Unidos
Un escenario negro se alzaba frente al palacio presidencial, la «Casa Rosada», en la Plaza de Mayo, el día antes del gran evento del 24 de marzo para conmemorar los 50 años del golpe de Estado de 1976. Un público más joven de lo habitual acudió a escuchar charlas íntimas la tarde del día 23. Al día siguiente, muchos de ellos y más de un millón de personas más se manifestaron en una de las marchas nacionales que tuvieron lugar en la ciudad de Buenos Aires.
El evento del día 23 fue organizado por el colectivo periodístico La Poderosa. Intervino la líder del Frente de Izquierda y de Trabajadores – Unidad, Myriam Bregman, pero la mayoría de los oradores trabajan en los medios de comunicación. Pocos de ellos aparecen en los canales principales. Algunos trabajan con jóvenes en los barrios marginales de la ciudad, llamados en Argentina «villas miseria», donde la pobreza extrema empuja a cada vez más jóvenes a los brazos del lucrativo tráfico de drogas. Muchos ponentes trabajan en los medios de comunicación para promover los derechos humanos y la justicia social. Decir que la mayoría quiere que termine el gobierno de Milei es decir poco.

Milei cuestiona abiertamente las cifras de desaparecidos de la Junta y ha afirmado en repetidas ocasiones que 30 30 000 es una cifra inventada, lo cual es un meme habitual entre sus patrocinadores políticos y financieros. La vicepresidenta de Milei, Victorial Villarruel, es aún más extrema. Hija de un militar —tanto su padre como su tío fueron oficiales del ejército durante el reinado del terror de la Junta—. Su tío fue condenado por crímenes de lesa humanidad. Villarruel ha creado varias organizaciones que cuestionan el «Nunca Más» que condenó a su tío y a otros militares responsables de crímenes de lesa humanidad. Ella también es una conservadora de extrema derecha, pero, en el caso de Victoria, prefiere el catolicismo tridentino al judaísmo.
Muchos oradores que acolaboran en zonas de clase trabajadora, sumidas en la extrema pobreza provocada por el ajuste estructural de Milei, advirtieron de una crisis lenta que no solo está acabando con la economía, sino también con muchas personas que viven al límite. La gente de las Villas villas miseria suele trabajar en la economía informal y los ajustes de Milei han succionado todo el efectivo de la economía para entregarlo a la especulación internacional del carry trade. Esto ralentizó la devaluación, pero aplastó la economía local, provocando una pobreza generalizada, salvo para unos pocos elegidos a los que Milei llama «¡La gente de bien!» (la gente adecuada). La «gente de bien» es la tribu de Milei que gobierna Argentina. Ellos fijan los precios y pagan sus campañas.

Julia Mengolini, una periodista de radio y abogada feminista de la Patagonia, ha sido abiertamente amenazada por Milei por comentar las relaciones que Milei mantiene con sus mascotas clonadas y con su hermana Karina. La hermana de Milei lo acompañó a la Casa de Gobierno, ya que; él derogó las leyes anti-nepotismo para poder nombrar a su hermana, una antigua pastelera y tarotista, actual secretaria general de la Presidencia, convirtiéndola también en presidenta de su partido político. Milei afirma que «¡No odiamos lo suficiente a los periodistas!».
Mengolini alega que Milei instigó el vídeo deepfake en el que se intercambiaron los rostros de Julia y su propio hermano en un vídeo pornográfico que insinuaba actos íntimos de incesto. Lo que se puede corroborar es que los seguidores de Milei y sus granjas de trolls difundieron ampliamente este vídeo como una colegiala de trece años que intenta difamar a su compañera de clase. El año pasado, Mengolini demandó a Milei por «asociación ilícita, malversación de fondos públicos [y] amenazas coercitivas». Ahora ella también es objeto de una demanda judicial interpuesta por Milei por «difamación». Mengolini ha puesto a prueba el frágil ego masculino de Milei: «Milei tiene un umbral de tolerancia muy bajo […] La más mínima crítica hacia él lo vuelve loco», declaró Mengolini al New York Times.
El discurso de Mengolini en el acto también recordó al público al periodista Pablo Grillo, que apenas sobrevivió después de que la policía le disparara uncartucho de gas lacrimógeno en el cráneo y se lo partiera como a una calabaza.
Otros ponentes se centraron en los años de terrorismo de Estado entre 1976 y 1983, así como en los dos primeros años de Milei. Algunos advirtieron del alarmante aumento del poder de la industria de las drogas ilegales y de su influencia en la política de Milei. El segundo al mando de Milei, que controlaba los presupuestos, José Luis Espert, se vio obligado a abandonar su última campaña al recibir cientos de miles de dólares procedentes del blanqueo de dinero de la cocaína de un hombre que le prestó su avión para la campaña. Lorena Villaverde, senadora por Rio Negro por el partido de Milei (La Libertad Avanza, o LLA), fue detenida por intentar comprar un kilo de cocaína en Florida a un policía encubierto.
Entre la multitud a mi lado, una joven se desmayó mientras escuchaba los discursos. Como a cámara lenta, la joven de 20 años se deslizó lentamente sobre sus vecinos, que la sujetaron al caer, y luego perdió el conocimiento. La gente la tumbó con cuidado boca arriba y llamó a los servicios médicos mientras formábamos un cordón a su alrededor. Llegaron los médicos y ella recuperó el conocimiento, mirando confusa al socorrista que la sostenía. ¿Se había desmayado por las descripciones de las torturas? ¿Quizás tenía algún familiares desaparecido? ¿Es posible que tuviera un ataque de pánico o algún problema médico? Muy delgada, tal vez la joven simplemente tenía mucha hambre.

Fuera cual fuera el motivo de su desmayo, la joven veinteañera tuvo suerte. Se cayó. La sujetaron. La atendieron. Estaba a salvo. Hace cincuenta años, cuando comenzó el terror, los agentes del gobierno se llevaban a jóvenes de su edad e incluso más jóvenes de las calles, de las casas de sus padres e incluso de las escuelas. En centros de detención clandestinos los torturaban durante semanas o meses y luego arrojaban a muchos desde helicópteros, atados con cuerdas pero aún con vida, al Río de la Plata. Sus cuerpos aparecían semanas después en las playas. Irreconocibles, eran enterrados apresuradamente por funcionarios locales aterrorizados. Sin preguntas, sin pruebas de ADN, sin investigación. Solo silencio. El anonimato era la clave; habían sido «desaparecidos», una expresión del terrorismo de Estado para referirse a víctimas que nunca serían encontradas ni identificadas por amigos y familiares, lo que obligaba a sus seres queridos a esperar eternamente con una esperanza vana.
En la capital de la provincia de Buenos Aires, «La Plata», diez adolescentes de una misma clase fueron torturadas, encarceladas y nueve de ellas acabaron asesinadas. Algunas estaban embarazadas en la cárcel. Su delito fue quejarse de que habían subido las tarifas del transporte. Cuando las presas embarazadas daban a luz, los bebés eran entregados a familias de policías para su «adopción» y las madres adolescentes desaparecían poco después.
Las desapariciones de 30 000 argentinos a manos de miembros de las fuerzas armadas o de la policía (a menudo actuando de forma extrajudicial) son testimonio de la particular brutalidad de la Junta argentina. Fueron en parte producto del entrenamiento militar estadounidense en la Escuela de las Américas, en Fort Benning, Georgia, rebautizada como Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad. Pero Argentina no puede culpar a EE. UU. de la violencia de su gobierno de facto. La culpa recae también en una clase dirigente local violenta y codiciosa. La élite colocó a tres militares en el poder como parte de la Junta: Jorge Rafael Videla (Ejército), Emilio Eduardo Massera (Armada) y Orlando Ramón Agoto (Fuerza Aérea). El terrorismo de Estado se convirtió en ley en 1976 con la ley que declaraba al llamado «Proceso de Reorganización Nacional». El Proceso fue una dictadura.

José Martínez de Hoz y David Rockefeller antes de existieran las selfies
Historia de una junta asesina
Para 1976 ya se habían producido algunos atentados con bombas y varios grupos buscaban ela supremacía militar. Pero esto no era una guerra. ¡Todo lo contrario! Esta junta Junta utilizó al Estado primero como una insurgencia a la inversa, un hacha cruel que dividió a la sociedad entre quienes intentaban luchar o huir y la mayoría silenciosa que miraba para otro lado. La asimetría de poder condujo a la extorsión de dinero y propiedades, a la tortura, la violación, la muerte y la desaparición. A casi todas las personas adineradas que fueron capturadas por las autoridades se leas extorsionó para obtener dinero y se les exigió que trajeran los títulos de propiedad de sus casas y vehículos, para luego obligarlas a cederlos a las «autoridades». El régimen llegó incluso a abrir una oficina inmobiliaria frente a uno de los mayores centros de tortura, la entonces ESMA, en Buenos Aires, para vender estas propiedades robadas.
Tras hacerse con el poder absoluto, la Junta robó miles de millones a la nación y a sus víctimas. Los empresarios locales llevaron a cabo un expolio denominado conocido comúnmente como «La estatización de la deudaprivada». Esto generó una enorme bonanza de deuda respaldada por las relaciones financieras especiales que el ministro de Economía, José Martínez de Hoz, mantenía gracias a sus vínculos con David Rockefeller. El 6 de agosto de 1976, el FMI concedió al régimen golpista su primer préstamo, muy similar al actual préstamo ilegal otorgado a Milei que probablemente llevará a la quiebra al próximo gobierno. Un solo hombre, Martínez de Hoz, planeó todo el robo. Ganó personalmente más dinero que cualquier otro empresario, si se mide en términos de la proporción de la «deuda» condonada que el país pagó por él en comparación con el tamaño de su empresa, Acindar. Muchos otros empresarios en Argentina se llenaron de dinero, y las finanzas de la nación nunca se recuperaron. José había heredado esta empresa de su padre. Justo antes de la dictadura, José ayudó a masacrar a los trabajadores sindicalizados de Acindar, y luego utilizó la empresa para apropiarse de la «deuda de las empresas nacionalizadas» (a través de garantías de tipo de cambio), haciendo recaer la pérdida sobre el contribuyente.
Martínez de Hoz dirigió el Ministerio de Economía desde el primer día de la dictadura. Dejó al país en bancarrota, entregando la economía moribunda a Carlos Saúl Menem (con un breve periodo de democracia entre medias, plagado de amenazas militares e hiperinflación). Menem confió en su ministro Domingo Cavallo para acabar con el Estado, y Cavallo no le defraudó. Cavallo fue expulsado del país tras el fiasco que provocó, pero, como fiel agente del sistema neoliberal, fue recompensado con un puesto en Harvard. La crisis de deuda resultante dejó a la economía argentina como los cadáveres arrojados al Río de la Plata y toda la estructura se derrumbó en 2002. La economía ha ido cojeando desde entonces. Hoy, Milei le ha puesto una bolsa en la cabeza llamada economía libertaria. Ahora está comenzando a perder el conocimiento.
El 24 de marzo de 2026, un millón y medio de personas salieron a las calles para conmemorar recordar el golpe de Estado que dio inicio a siete años de brutal represión y saqueo descarado. Muchos ni siquiera habían nacido en aquel momento, pero siguen pagando la deuda acumulada por las élites que les robaron hace medio siglo (más los intereses).
Familias valientes, como las Madres de Plaza de Mayo, nunca han dejado de buscar a sus seres queridos entre los miles de desaparecidos de esta trágica época. Quizás algún día alguien investigue y juzgue a las familias que robaron tanto dinero a sus vecinos y a la nación. Pero, como le dijo el médico a la chica que se desmayó: «¡Yo que vos, me cuido!».
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