El Ministerio de Capital Humano de Javi

Los perros (el perro duplicado cuatro veces) de Javi

” Un amor por la naturaleza no hace trabajar a ninguna fábrica”. 

Aldous Huxley, Un mundo feliz / Brave New World

17 de diciembre de 2023
Así empezó, hace una semana, algo torpemente, con un pésimo discurso.

Javier Milei, (Javi), anteriormente economista del sector privado, coach de sexo y vocalista en una banda de covers de rock, comenzó su nuevo trabajo como Presidente de Argentina el domingo 10 de Diciembre, 2023. Su discurso inaugural estuvo lleno de porcentajes y números sin sentido. Milei parecía nervioso, un poco fuera de sí. Aunque sus nervios no sean inusual, Presidente Javi ahora carece de excusas en cuanto al discurso. Ahora tiene un trabajo decente. Puede permitirse contratar a un redactor de discursos que es, como presidente, de rigeur. El ex-presidente Mauricio Macri, maquiavélico socio de Javi en el poder, seguramente le había ofrecido prestado uno de sus redactores. Lamentablemente, uno sospecha, que el discurso de investidura de Javi parece haber sido escrito, principalmente, por él mismo. Es un tipo que le gusta lo suyo.

Los números son lo que Milei conoce. Los presupuestos de las empresas privadas son su visión del mundo, su experiencia laboral. Pérdidas y ganancias, comprar y vender, la microeconomía básica. El discurso de investidura de Javi sonó muy parecido al de un director financiero, algo inexperto, dirigiéndose a su junta directiva, nada que ver con el de un presidente dirigiéndose a su pueblo. Por supuesto, el término ‘pueblo’ no está en el léxico de Milei. Milei habla con los enigmas y el lenguaje de una extraña secta económica llamada ultraliberalismo. Utiliza términos como “recursos humanos”, propiedad”, “accionistas” y “sector privado”, pero sobre todo habla de “mercados”. Tras el discurso del domingo uno se queda preguntando si la nueva Argentina de Javi sigue siendo una democracia? ¿O aquí se trata de algo nuevo?

Los perros (el perro duplicado cuatro veces) de Javi

Si Javi mostró un lado humano, tal vez vino de su fetichismo canino. En el corto trayecto entre el Congreso Nacional, donde pronunció su primer discurso, y el palacio presidencial, donde hizo el segundo, Javi se bajó del coche para abrazar, no a un votante, ni a un ‘fan‘, sino a un perro cualquiera. Un platero grabó una imagen de su difunto perro Conan (junto con los cuatro cachorros clonados con los que vive el presidente) en su bastón presidencial para el acto del domingo.

Milei lleva una semana como presidente, presidente de un Estado en el que no parece creer ni confiar, en un Argentina que, según él, cayó en decadencia hace 100 años. Claro que ese siglo de decadencia terminó el domingo pero no está nada claro por qué Javi eligió cien años. ¿Habrá sido el último gran presidente argentino Marcelo Torcuato de Alvear? Quizá Javi se refería al golpe de Estado que derrocó a Hipólito Yrigoyen y condujo a la dictadura de Uriburu. ¿Quién sabe? Los detalles no son su fuerte. Lo que sí queda claro es que a Javi no parece gustarle a su país. Ya compró su departamento en el estado de Florida. Los mismos EE.UU. que, según él, y junto con Israel (por alguna razón aleatoria), son aliados naturales de la Argentina que él ya gobierna. Milei ha sido conocido por parafrasear la frase de Trump “Shithole nations” (países del orto) pero, a diferencia de Trump, Javi también incluye su casa en la lista.

Los estados vecinos, Brasil y Chile especialmente, no recibieron ni una sola mención. Javi fue menospreciado por el presidente brasileño Lula da Silva, pero además Javi le había insultado a Lula. Además invitó al mismísimo ex-funcionario Bolsonaro (parcialment responsable de poner a Lula en un carcél). Tacto tampoco es su fuerte.

Para Javi, el primer presidente libertariano del mundo, el Estado argentino es dinero, dinero que se mueve en los mercados nacionales e internacionales, dinero con dueños, dueños del capital de las acciones de las empresas del sector privado. Javi piensa que el Estado argentino debe ponerse explícitamente al servicio de los accionistas privados de la Argentina. Que estos accionistas sean ciudadanos argentinos no importa en absoluto. Esta semana, la visión del mundo de Javi ha empezado a reflejarse concretamente en sus planes de eliminar dos tercios de los ministerios estatales argentinos. En su segundo día en el cargo (lunes 11) Javi firmó su primer decreto presidencial para poner en marcha este proceso. Milei tiene planes, tiene prisa. ¿Quizá ha leído la Doctrina del Shock escrito por Naomi Klein en (y sobre) la Argentina en su último shock financiera 2001?

Para llegar a donde quiere llegar, Javi planea seguir la triste estela de su predecesor, Carlos Saúl Menem. Menem es en cierto modo su ídolo personal, lo que resulta sorprendente, ya que en Argentina es odiado casi universalmente, igual que Domingo Cavallo, el principal economista de Menem y Martinez de Hoz. En el Argentina de hoy se considera mala suerte mencionar el apellido de Carlos Saúl. Javi incluso llegó a copiar las patillas de Carlos Saúl como parte de su acto de campaña, lo que le valió, con su pelo, el apodo peluca. Como hizo Carlos Saúl, Javi también planea privatizar los recursos estatales argentinos. Quiere vender las cosas aburridas, como los hospitales, los parques nacionales, el suministro de agua, las redes eléctricas y las carreteras. Véndelo todo, a cualquier precio, al mágico sector privado y todo irá bien. Reducir el Estado pronto con su motosierra, antes de que la gente se dé cuenta del error que supone (una vez más). Milei ha hablado incluso de privatizar los ríos y las ballenas salvajes.

Todo lo que no sea directamente útil para el capital internacional, como los derechos humanos, los derechos de las mujeres, los derechos de los pueblos indígenas, las cuestiones medioambientales como el aire limpio o el agua potable, deben ser eliminadas, reducidas al mínimo o des-priorizadas bajo su mandato. Cerrar, cerrar, cerrar! Ya ha comenzado.

El decreto presidencial “necesario y urgente” del lunes 11 (número 1 de muchos) creó el “Ministerio de Capital Humano”. ¡No es joda, realmente se llama así! Suena Orwelliano, como algo que se le hubiera ocurrido a Aldous Huxley. Ya tiene jefe y es ahora (teóricamente al menos) una “realidad”. Como el nombre parecía novedoso, este corresponsal averiguó y, al parecer, ninguno de los otros 195 países del planeta cuenta con una institución semejante. Lo más parecido que he podido encontrar (por favor, comenten abajo si encuentran algo similar) es el Ministerio de “Recursos Humanos y Desarrollo Social” de Arabia Saudí. Incluso Arabia Saudita, un gobierno que sigue cortando las manos a los niños por robo y que anima a sus fuerzas policiales a azotar a las mujeres en la calle por no llevar velo. Sí, incluso ellos consideraron apropiado incluir la palabra “social” en el nombre de su departamento de recursos humanos. La Libertad Avanza no.

La semana pasada Argentina tenía una plétora de ministerios: Un Ministerio de Educación, de Desarrollo Social y un Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. Ya no. El Ministerio de Capital Humano integró todos los ministerios anteriores, en forma reducida, por supuesto. La valiente nueva Argentina ultraliberal de Javi también había previsto incorporar el Ministerio de Salud también. ¿Por qué no? Por supuesto, un trabajador sano es un trabajador productivo. Por alguna razón, Javi lo dejó a la salud por ahora. ¿Quizá tiene miedo de herido con motosierras?

En el ultraliberalismo hay trabajadores y propietarios. Para Javi el trabajo debe ser para el sector privado, para los dueños del capital, para generar ganancias. Desde este punto de vista alt-democrático, los ciudadanos argentinos son, literalmente, capital humano. Trabajar para su Estado, para el bien común, desde luego ya no se fomenta. ¿Por qué preocuparse por el medioambiente? ¿A quién le importan los ríos? ¿Y los vecinos? ¿Para qué conducir una ambulancia o trabajar para un cuerpo de bomberos? Mala idea. Ineficiente. ¡Olvidálo!

Javi planea volver a vender las joyas de la corona argentina como hizo su ídolo Menem en los 90’s. Estos recursos estatales, como la compañía de agua, existen ahora porque las generaciones anteriores de argentinos trabajaron pagándolos, preservandolos y desarrollándolos. Por qué privatizarlos si no funcionó la última vez. Por qué decirle al pueblo argentino que la privatización funciona si sus estados modelo económico (como Irlanda de la que Javi no para de hablar) hace exactamente lo contrario. El colapso económico de 2001 que quedó después de Menem demuestra que la privatización fue un desastre. ¿Cómo se va a crear un mercado privado de aguas residuales, por ejemplo? La privatización del sistema eléctrico en Argentina también resultó en cero opciones para los clientes.

Cuando Menem privatizó el estado lo hizo porque el FMI le dijo que lo hiciese, pura doctrina neoliberal y quizás también algo más que un poquito de corrupción? Javi argumenta que cualquier otra cosa huele a “Socialismo” esa odiada palabra que a Javi le gusta escupir mientras arruga su desagradable carita en las entrevistas televisivas con angustia paranoica (aparentemente real). Se acabaron los departamentos de medioambiente y las instituciones de protección de los derechos humanos. Todas estas linduras son “extras” superfluos para Javi, un hombre que termina todos sus discursos literalmente gritando tres veces “¡Viva la libertad, Carajo!” como un endemoniado niño de tres años con mal genio.

¿Libertad, libertad, libertad?

¿Dónde está la libertad en esto? ¿Una libertad de trabajar para otros mientras su país sea propiedad del capital? A primera vista, la libertad de Javi parece una contradicción, pero si profundizamos un poco más, todo cobra sentido. Javi no se refiere a la libertad de personas, perdón, él no habla de la libertad del “capital humano”)” sino se refiere a la libertad del capital, ¡Carajo!

¡Javi también planea un poco de celo temeroso de Dios en la eliminación de impuestos! Sí, él quiere menos de esos mismos impuestos que pagaron 80% de la campaña para su elección, que pagan su sueldo, que arreglan las alcantarillas y construyen las redes de carreteras y ferrocarriles y educan a los hijos de los pobres en Argentina.

Milei cree que los impuestos son un robo a los bolsillos de los ricos, de la “gente de bien” o, más bien, de la “gente de bienes”. Las clases acomodadas, los dueños de Argentina, la verdadera casta. En el Brave New Argentina de Milei, las empresas necesitan recursos y el Estado está ahí para dar a las empresas lo que necesitan: electricidad, materias primas y, por supuesto “recursos humanos”. 



La mano de obra debe venderse a precios de mercado; ¡nada de esa tontería del salario mínimo! La pobreza es intrínseca al capitalismo. Los servicios sociales (o planes, como se llaman aquí en Argentina) son anti-capitalistas, según Milei. Si bien algunos de estos planes pueden evitar que los hijos se mueran de hambre, o proporcionarles un lugar donde vivir, para Javi deben ser eliminados porque quitan el incentivo a los realmente pobres trabajar por salarios muy bajos. Las vidas de todos es candidato a ser consumido por el capital, sea empleado o contratista. Javi ve como el nuevo rol en este Estado argentino minimalista a través del “Ministerio de Capital Humano” la preparación de la población para estas tareas privadas, vía educación (por supuesto paga, privada y vocacional) para que nuestras habilidades satisfagan las necesidades del capital. Al menos, se sospecha, hasta que la inteligencia artificial haga redundante al capital humano, el nuevo y valiente mercado laboral argentino estará listo para maximizar los beneficios.

No busques nada más. El singular modelo supuestamente anarcocapitalista liberal-libertardio de Javi no permite lujos como son la religión, el arte o incluso el tiempo libre. Olvídate de la mitigación del cambio climático, de salvar la biodiversidad. Hay que ser realistas. Milei lo dijo de forma muy sencilla en su discurso desde el palacio presidencial: “¡No hay plata!”.

Milei planea una segunda transformación del Estado argentino en los últimos tiempos. Hay un antes de Menem un después de Menem y un después de Milei. Antes de Menem, algunos aspectos del Estado argentino se encargaban de satisfacer las necesidades de su pueblo, como ciudadanos con opciones en sus vidas, con seguridad social, derechos laborales y propiedad estatal de monopolios naturales y otros servicios (agua, sanidad, energía -electricidad (especialmente hidroelectricidad) petróleo y gas-, comunicaciones -telefonía, TV pública y los radios nacionales regionales y de Argentina en el exterior– y la Línea Aérea Nacional). Luego vino Menem y privatizó todo esto en una orgía de corrupción.

A lo largo de las últimas décadas el pueblo argentino ha ido y venido con el neoliberalismo. Con los gobiernos de los Kirchner la compañía de agua y las compañías aérea y aspectos del YPF de (la petrolera nacional) volvieron a pasar a manos del Estado.

Con la época del neoliberalismo, los argentinos se acostumbraron a ser consumidores, clientes, actores de una economía ajena, comprando las cosas que necesitaban al sector privado que, por supuesto, poco a poco pasó a ser cada vez más propiedad del capital internacional.

Milei ha comenzado a llevar esto a un nuevo nivel bajo el ultraliberalismo. Los argentinos no serán ciudadanos ni consumidores, sino que ahora son literalmente recursos humanos al servicio del sector privado. El pueblo argentino es un producto, por ser producido para el Ministerio de Recursos Humanos, ¡para el consumo del capital! Todas las relaciones en la Argentina distópica de Javi estarán mediadas por empresas en los mercados. Todos los que vivan allí serán engranajes en un vasto mar de dinero (no su dinero, por supuesto) que Javi llama mercado. Las vidas humanas se convertirán en recursos humanos, en relaciones humanas privatizadas.

¡Que Dios salve sus almas!
¡Momentito! ¿Tiene alma el capital humano?
¿O perros clonados?

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