Sectas Libertarias de la Muerte

Peter Thiel Go Home 2026 Buenos Aires
(c) Hernán Reig
MILEI: «Entonces, caso de externalidades: una empresa que contamina el río. ¿Dónde está el daño? ¿Dónde está el daño? Esa empresa puede contaminar el río todo lo que quiera. ¿Saben por qué? Porque hay algo que no… digamos, como hacen equilibrio parcial no ven el problema de equilibrio general, y es que sobra el agua. Esa es una sociedad donde les sobra el agua, y el precio del agua ¿cuánto es? Cero. Consecuentemente, ¿quién va a reclamar el derecho de propiedad de ese río? Nadie. Porque no puede ganar plata. ¿Qué creen que va a pasar si el agua empieza a escasear? Eso deja de valer cero, y entonces ahora yo tengo un negocio. Ahí alguien se va a ocupar de apropiarse de ese río y ahí va a haber derecho de propiedad para ver, digamos, cómo se termina la contaminación.»
Javier Milei, extracto de un discurso en «Patagonia en disputa»

Introducción

Este ensayo analiza las influencias libertarianas. El término Libertariana es lo correcto por lo que muchos dicen liberal libertaria[1]. Enfocado en la industria de la inteligencia artificial (IA), en la industria armamentística y en la industria petrolera. Tanto Donald Trump como Javier Milei se están beneficiando de una oleada de financiamiento destinado a la difusión de ideas socioeconómicas libertarianas Estos mensajes políticos de extrema derecha se coordinan a nivel internacional y cuentan con importantes recursos económicos. Las posturas libertarias extremas podrían incluso empujarnos hacia una guerra mundial. Lo que sabemos con certeza es que esta tendencia de extrema derecha es, sin duda, perjudicial para el clima.

Término Liberal, Libertario o Libertariano?

[1] Libertariano es un término correcto para lo que en inglés es “Libertarian”… Se usa también términos cómo “Libertaria” or “Liberal Libertaria” (en el caso de Milei en la Argentina). Los dos últimos términos en castellano son traducciones malos porque se confunde con el anarquismo Español de los años 1930’s. Los mal-llamados “anarcocapitalistas” apropiaron varias términos del anarquismo, así se los devuelvo yo…

Las teorías económicas libertarianas son una teoría socioeconómica obsoleta; no ofrecen nada nuevo, pero encajan perfectamente con el fascismo. Como base para la formulación de políticas, también son totalmente incompatibles con cualquier medida destinada a evitar el caos climático en el peor de los casos. ¡Y precisamente ese es el punto! Resucitar teorías políticas obsoletas del fin del siglo XIX, como el libertarianismo, ayuda sólo a preservar el pasado cómo es un poder militar unipolar con sede en Washington. El Libertarianismo también sirve para consolidar los derechos de propiedad de los accionistas corporativos multimillonarios y, en Silicon Valley, la secta libertariana lo usa para proteger a la inteligencia artificial (IA) de la regulación estatal, incluido su uso militar en sistemas de orientación y en drones (Vehículos Aéreos No Tripulados, UAV, por sus siglas en inglés). También sirve como argumento en contra de gravar la riqueza extrema. En una palabra, el libertarianismo es antisocial.

Este ensayo es una adaptación de mi próximo libro, que analiza las ideas libertarianas en todo el continente americano, promovidas por algoritmos en las redes sociales entrenados para distorsionar la democracia con fines políticos. Estos mismos algoritmos ayudaron a que monstruos como Milei, Trump y el vicepresidente de EE. UU., JD Vance, llegaran al poder. La teoría económica libertariana es un proyecto de élite que no cumple ningún propósito social, sino todo lo contrario: sirve para que la sociedad haga la vista gorda ante los peligros del caos climático; aunque luego la madre naturaleza contraataque con otro huracán o incendio. Es una lucha a muerte. Las ideas libertarianas se usan para permitir prolongar el uso de los combustibles fósiles, para reforzar la continuidad del modelo actual y para frenar las medidas contra el cambio climático. Peor aún, los libertarianos abogan por construir miles de centros de datos nuevos y por intensificar diversas guerras por el suministro de petróleo y gas (como los conflictos en Irán, Ucrania, Nigeria y Venezuela). Más recursos para la IA y para la guerra suponen más extracción minera y la quema de más combustibles fósiles que se liberan a la atmósfera, todo ello destructivo y evitable. Aquí además analizamos la agenda de quienes siguen intentando vender estas ideas impopulares libertarianas.

Payasos Asesinos

Javier Milei Javier Milei es el primer presidente libertariano del mundo y esperemos que sea el último. Tras ser elegido presidente de Argentina en diciembre de 2023, gracias a un voto de protesta consecuencia del contexto pospandémico, derrotó a un candidato débil de los socialdemócratas divididos, la alianza peronista. Milei se presentó como un economista liberal libertario y prometió privatizar el Estado, dando a entender que el mercado por sí solo eliminaría la corrupción. Los posteriores escándalos de corrupción, incluidos los que lo involucraron a él y a su hermana, demostraron, en todo caso, que la corrupción en el gobierno argentino empeoró. Los precios se dispararon y la economía interna se derrumbó, con un nuevo auge en las exportaciones de materias primas provenientes de la minería (en gran parte libres de impuestos).

En la mente de Milei, él se identifica como un economista libertariano, y no como un político. Como en la mayoría de los autoengaños, hay algo de verdad en ello. Milei trabajó unos años como consultor económico corporativo en un conglomerado argentino llamado Corporación América, dirigido en ese entonces por Eduardo Eurnekian, uno de los hombres más ricos de Argentina. Fue Eduardo quien le puso a Milei su apodo «El Loco». Al igual que Trump con sus payasadas detestables en el reality show The Apprentice (El aprendiz), Milei trabajó en los canales de televisión de Eurnekian, entre ellos A24, donde aparecía en programas de entrevistas mientras desarrollaba su propia personalidad mediática polémica. Milei tenía una banda tributo a los Rolling Stones y hasta afirmó que era un coach de sexo tántrico. En cuanto a sus credenciales en economía, Milei cuenta con dos diplomas de posgrado en economía, lo cual no equivale ni a una maestría. Para quien no está familiarizado con el tema, Milei sabe usar terminología económica; sabe lo justo para ser realmente peligroso.

La conversión de Milei a la secta del libertarianismo se produjo en una etapa tardía de su vida, cuando leyó los libros de Murray Rothbard. Rothbard era un desconocido teórico económico de Nueva York que se ganaba la vida promoviendo ideas libertarianas. Los textos de Rothbard parecen haber despertado algo mesiánico en Milei. Esas extrañas ideas económicas representan un espacio seguro para Milei, una fuente de verdad económica secreta, por más delirante que sea. Rothbard es el dogma de Milei, que ahora se identifica como un paleolibertariano rothbardiano. Le encanta predicar las ideas de Rothbard, incluso llegando a repetirlas como un loro ante el público en Davos (en dos ocasiones).

A Milei le gusta salir de Buenos Aires cuando puede. Prefiere viajar al exterior, dando charlas en conferencias políticas libertarianas o de extrema derecha, como las Conferencias de Acción Política Conservadora (CPAC.org) con sede en Washington D.C., y con sucursales desde Buenos Aires hasta Budapest. La sonrisa bobalicona de Milei llena los recintos con sus fanáticos seguidores, que son casi todos hombres. No vienen por el contenido (los discursos de Milei suelen ser ininteligibles), sino por el espectáculo. Milei suele cantar canciones de rock argentino y le encanta YMCA, y siempre termina sus discursos con su frase característica: «¡Viva la libertad, carajo!». Los libertarionos son su gente, lo hacen sentir querido. A menudo se disfraza usando los trajes azules conservadores que le compra su hermana, aunque prefiere sus camperas de cuero con cierre cuando sube al escenario a cantar.

Donald Trump no es un libertariano dogmático y tampoco es ingenuo ni mesiánico. Ni siquiera pretende ser un experto en macroeconomía, y probablemente nunca haya oído hablar de Murray Rothbard. Trump es el jefe, es un oportunista, es transaccional. A diferencia de la mayoría de los libertarianos, Trump es nacionalista. Es un presidente-director ejecutivo que dirige una potencia nuclear peligrosamente competitiva como si fuera su propia empresa familiar de lavado de dinero. Los EE. UU. de Trump son un imperio en declive: el dólar estadounidense se ha convertido en un problema, al igual que la expansión militar excesiva. En un mundo unipolar, Trump no necesitaría un lema como «America First» (Estados Unidos primero). Esos días ya pasaron.

Trump regresó al poder en 2024 al derrotar a una candidata inexperta, la exvicepresidenta Kamala Harris. Peter Thiel convenció a Trump de que eligiera a JD Vance como vicepresidente. Vance había expresado sus preocupaciones sobre si Trump podía ser el «Hitler de Estados Unidos»; era partidario del «¡Nunca Trump!», pero, claramente, Thiel tiene influencia. Thiel formó a Vance durante años como inversionista de capital de riesgo (VC) libertariano. Thiel fue su mecenas político, aportando la suma de quince millones de dólares para su campaña al Senado estadounidense por Ohio. Entonces, ganó una banca en el senado de Ohio. Ahora es vicepresidente.

Trump entiende que su trabajo consiste en vender ideas fiscales de extrema derecha a sus seguidores del movimiento MAGA. A ellos no les entusiasman sus guerras. No les gustan los centros de datos. También odian que la inteligencia artificial les esté quitando sus empleos, pero Trump, al igual que Milei, es un showman. Confían en él. Es un comunicador brillante y un mentiroso nato. Básicamente, inventó la «clase Epstein» a que le pertenece y lo define. Aunque no es nada religioso, Trump tiene claro que hay momentos en los que hasta el hombre más poderoso del mundo necesita inclinar la cabeza ante su Jesús. Las alianzas religiosas ganan las elecciones estadounidenses en la extrema derecha. Si eso significa acercarse a las sectas cristianas pentecostales, que así sea. Benjamin Netanyahu prepara a estos mismos líderes religiosos con el sionismo del fin de los tiempos cada vez que visita los Estados Unidos.

Los inversionistas de capital de riesgo de Silicon Valley tienen mucho dinero; personas como Elon Musk, Peter Thiel, Eric Schmidt y Marc Andreessen han respaldado las ideas libertarias. También les atraen los contratos gubernamentales. A diferencia de Milei, que es un verdadero creyente, Trump ve la secta libertariana como una oportunidad para ganar dinero. El financiamiento libertariano, al igual que las alianzas religiosas pentecostales, es un camino hacia el poder. Sin el nacionalismo cristiano, ninguno de los dos estaría en el poder.
El estilo presidencial de Trump es el de un caudillo, es decir, un líder militar populista. El general Francisco Franco dirigió el gobierno fascista de España de 1939 a 1975. Su título oficial era Caudillo, así que Trump es el caudillo del clan MAGA.

Trump se siente cómodo con la plutocracia, un hecho que se ha vuelto obvio incluso para su electorado desatento. Su estilo autocrático ha provocado que millones de personas marchen por todo Estados Unidos en una reacción de rechazo bajo el lema “No queremos reyes” (No-Kings). Trump siempre escucha al poder y, sobre todo, al dinero. Da rienda suelta a sus mecenas políticos libertarianos, muchos de ellos del sector petrolero o de Silicon Valley, no porque sea un creyente, sino porque le resultan útiles. Los republicanos se han alimentado de esta corriente libertariana durante años, pero en todo ese tiempo solo se eligió a un senador libertariano y, aun así, se presentó como republicano. Los libertarianos son extremadamente impopulares una vez que los conoces.

Implementaciones Suramericanas del Neoliberalismo

Margaret Thatcher y Ronald Reagan apoyaron los experimentos neoliberales en sus propios países en la década de 1980, pero Nixon ya había puesto a prueba el neoliberalismo en Chile en la década de 1970 con el objetivo de detener el socialismo democrático en Sudamérica. Hayek, un famoso economista libertariano de la escuela austriaca, estaba más que dispuesto a proporcionar argumentos económicos a la CIA. El golpe de Estado chileno de 1973 fue organizado por el secretario de Estado del presidente Nixon, Henry Kissinger. Miembros del cuerpo docente de la facultad de economía de Hayek en la Universidad de Chicago ya habían sido enviados a la Universidad Católica de Chile antes del golpe de 1973. Se quedaron allí mientras las fuerzas militares fascistas de Pinochet (la DINA, Dirección de Inteligencia Nacional, posteriormente nombrada CNI) perseguían y asesinaban a expolíticos, al tiempo que las tropas de Pinochet acababan con la vida de miles de opositores. El régimen de Pinochet comenzó con la muerte del presidente de Chile, el médico socialista Salvador Allende.

Los estudiantes de la Escuela de Chicago de Hayek, formados por el colega estadounidense de Hayek, Milton Friedman, fueron fundamentales para el pinochetismo al convertirse en sus asesores económicos. Hayek visitó a Pinochet en múltiples ocasiones. Se llevaba bien con Pinochet. A los estudiantes de Hayek y Friedman se les llamaba los “Chicago Boys”, y ayudaron a poner en marcha el primer experimento neoliberal de Sudamérica en Chile.

Argentina fue el siguiente campo de pruebas en materia de tortura y economía neoliberal. El propio FMI adoptó las ideas neoliberales y las promovió en Argentina y en otros países. Ayudó a saquear a las naciones del tercer mundo, obligándolas a vender activos a corporaciones multinacionales para saldar la deuda pública. Esto dejó a los Estados sin nada; tuvieron que comprar su propia agua, petróleo, electricidad y servicios de salud a multinacionales extranjeras dentro de sus propios países. Las ganancias se fueron al extranjero, los costos se quedaron en el país y las naciones se empobrecieron. Se endeudaron aún más para mantenerse a flote, y los problemas se agravaron.

El presidente argentino Carlos Saúl Menem se convirtió en la siguiente figura destacada en adoptar el neoliberalismo. El FMI presentó la implementación del neoliberalismo en Argentina en la década de 1990 como un caso de estudio para otros países. Les encantaba Menem. El experimento neoliberal argentino le permitió a Menem convertir la odiosa deuda externa (producto de la corrupción de la dictadura de 1976 a 1983) en deuda estatal, y dolarizó efectivamente la economía al vincular el peso al dólar estadounidense (1:1). El reloj comenzó a correr y, nueve años después, todo se derrumbó: la economía argentina colapsó en la Navidad de 2001 en lo que fue el peor incumplimiento de deuda jamás visto. En el caos político que siguió, hubo cinco presidentes en apenas una semana y 37 personas fueron asesinadas por la policía en las calles.

Al mismo tiempo, al otro lado de los Andes, Chile sufrió muchas décadas más bajo el yugo neoliberal resforzado por la policía secreta y los criminales militares de Pinochet, las restricciones políticas, la pobreza generalizada y los abusos en materia de derechos humanos. El neoliberalismo, como quedó claro, era un «libertarianismo light». Redujo al mínimo el estado de bienestar, privatizándolo cada vez más hasta convertirlo en un negocio con fines de lucro. Y aún lo sigue haciendo. Encajó bien con el pinochetismo.

A pesar de todas sus víctimas, el neoliberalismo rara vez fue puesto en tela de juicio en los países de G7 hasta que sus inconsistencias internas (falta de regulación) provocaron la caída de Wall Street y, posteriormente, el colapso de bancos privados alemanes, británicos y muchos otros durante: (1) la crisis de las hipotecas de alto riesgo que comenzó en 2007 y (2) la crisis del euro en Europa. Al igual que todas las crisis bancarias, esta fue el resultado de un exceso especulativo que se vio facilitado por la desregulación económica; el sistema político neoliberal resultó ser tan frágil como lo fue su antecesor libertariano. Los libertarianos de Silicon Valley siguen exigiendo desregulación aumentando así el riesgo, y Trump les está dando lo que piden (a cambio de su apoyo, por supuesto), quid pro quo.

Palabras Libertarianas, acciones Neoliberales

El ministro de Economía de Argentina es Luis «Toto» Caputo, quien anteriormente trabajó en el banco de inversión J.P. Morgan, con sede en Nueva York. El jefe del Tesoro de EE. UU. es Scott Bessent, quien trabajó en el fondo de inversión Soros Fund Management. Ambos provienen del sector financiero privado y, mientras trabajaban para la otra parte, realizaron apuestas financieras, a menudo destructivas, contra economías con problemas de deuda, apostando en ocasiones contra la estabilidad financiera de esos Estados. Bessent es infame por haber realizado apuestas apalancadas contra las finanzas del Reino Unido, lo que obligó en su momento al Banco de Inglaterra a devaluar la libra esterlina. Caputo también fue ministro de Economía en anteriores gobiernos de derecha. Tanto con Macri como con Milei, Caputo contrajo nueva deuda pública, dejando la tarea de arreglar el desastre a la administración siguiente. Estas prácticas son típicas de la derecha fiscal en muchos países. Como si fueran zorros cuidando el gallinero, a Bessent y Caputo ahora se les ha encomendado la tarea de mantener la confianza pública y sostener la estabilidad financiera en sus respectivos países.

Para entender a los libertarianos, conviene separar la teoría de la práctica económica. Ni la economía de Estados Unidos ni la de Argentina son libertarianas; ambas son neoliberales. Esta última moda libertariana es un intento artificial de los más ricos por dar marcha atrás en materia económica, esquivando a la derecha mientras bloquean a la izquierda. Tanto Bessent como Caputo son neoliberales de centro-derecha en lo fiscal. Un poco más Hayek que Keynes. Las economías de Estados Unidos y Argentina han sido neoliberales desde la década de 1980. Comercian a nivel global, por lo que se ven obligadas a practicar la realpolitik de la deuda.

La economía libertariana, por otro lado, es teoría, no práctica. Sin embargo, el libertarianismo y el neoliberalismo están relacionados. Hayek redefinió el neoliberalismo como el hijo bastardo del libertarianismo en una conferencia celebrada en Mont Pelerin, Suiza, en 1947. El neoliberalismo fue el intento reaccionario de Hayek (y más tarde de Friedman) de privatizar el estado de bienestar, al tiempo que le quitaba poder de negociación a los trabajadores y a los sindicatos tras las mejoras salariales registradas en la época de crecimiento económico de la posguerra, caracterizada por un bajo desempleo (recurriendo a la austeridad y a la flexibilización laboral donde fuera posible). El neoliberalismo es una versión “light” del libertarianismo, un compromiso que, en lugar de eliminar por completo los servicios sociales, aboga por privatizar servicios como la salud, la educación, las pensiones o el transporte. Esto permite a las empresas obtener ganancias por prestar estos servicios al Estado.

El libertarianismo es un giro hacia la derecha del neoliberalismo que aboga por eliminar todo tipo de apoyo social; se trata de una lucha darwinista por el poder por parte de las élites para reducir los impuestos e impulsar una agenda de extrema derecha. Basta pensar en estudios universitarios financiados con préstamos respaldados por el Estado y administrados por bancos privados con fines de lucro. Cuotas elevadas que reemplazan a la educación gratuita.

Los libertarianos desconfían de todo lo que no esté impulsado por el afán de lucro; tildan a quienes no piensan así de «colectivistas». Desconfían de los grupos autogestionados y demonizan a los sindicatos. Cuando Milei llegó al poder, intentó privatizar los clubes de fútbol locales, sin embargo, fracasó y cayó como una pelota de plomo.
Los estados libertarianos son jerárquicos, con el poder concentrado en la cúspide. Milei y Trump redujeron los impuestos a las empresas y a las personas; recortaron el estado de bienestar y gastaron mucho más dinero en armas. La legislación argentina en 2025 y 2026 redujo los derechos de los trabajadores. Ambos presidentes aumentaron la deuda nacional. Ambos son antisocialistas y tratan de equiparar el antifascismo (AntiFA) con el terrorismo. Si el antifascismo es terrorismo, ¿en qué lugar queda entonces el gobierno?

A mediados de 2026, las universidades públicas de Argentina se quedaron sin fondos. Milei había recortado sus presupuestos en un tercio. El Congreso le ordenó a Milei que pagara; Milei usó su veto presidencial; el veto fue derogado por votación y, aun así, Milei simplemente se negó a pagar. Al hacerlo, Milei se arriesgó a ir a la cárcel al ignorar las instrucciones explícitas del Congreso de liberar los fondos. A los libertarianos les repugna la idea de que los estudiantes pobres tengan acceso a una educación pública de calidad. El propio Milei intentó ingresar a la universidad pública más grande del país, la UBA, pero no pudo aprobar el CBC, por lo que terminó estudiando en una universidad privada. Los profesores de las universidades públicas colocaron pancartas en sus edificios que decían: «En democracia la ley se cumple». Las universidades aprendieron que los libertarianos no solo son antisociales, sino también antidemocráticos.

Los libertarianos, la IA y las Criptomonedas

A mediados del siglo XX, muchos libertarianos eran industriales y magnates del petróleo. En la década de 2020, las industrias extractivistas más lucrativas explotan el conocimiento humano para entrenar a la IA. Los líderes sectarios libertarianos más ricos del mundo son ahora inversionistas de capital de riesgo de Silicon Valley. Su sumo sacerdote, Peter Thiel (cuya patrimonio personal asciende a casi treinta mil millones de dólares), se mudó recientemente a Buenos Aires, dejando California en un intento por evitar pagar un impuesto estatal sobre el patrimonio de los multimillonarios, cuyos ingresos se destinarán exclusivamente a la salud pública y a la alimentación de los pobres de California.

Milei redactó una legislación para permitir la creación de corporaciones de IA, que pueden ser propiedad y estar administradas por agentes de IA (no por directores ejecutivos humanos). Estas empresas también podrán operar sin personal humano. Esta idea absurda podría proporcionar un mecanismo para privatizar la Propiedad Intelectual (PI) sintética, permitiendo que se patente la PI sintética creada por la IA. Esto no es ficción, sino que ya pasó.
En el Reino Unido, a DeepMind (una IA de Google) se le enseñó a predecir las estructuras de plegamiento de las proteínas. Esto le valió al director ejecutivo de DeepMind, Demis Hassabis, un Premio Nobel, pero también generó un dilema. ¿A quién le pertenecía esta propiedad intelectual sintética? El director ejecutivo humano de DeepMind donó este conocimiento sintético (las descripciones de las estructuras proteicas) gratuitamente a la humanidad. Al fin y al cabo, los seres humanos también estamos compuestos de proteínas.

Milei nunca podría concebir la noción de regalar algo a la humanidad. Las donaciones no generan ganancias, ¿verdad? Para los libertarianos, la propiedad intelectual sintética, al igual que los ríos e incluso el aire mismo, debe ser propiedad de alguien (preferiblemente de una corporación). Nada de esto tiene sentido desde una perspectiva social, pero a los libertarianos no les importa la sociedad. A los libertarianos les importa la propiedad; les importan las ganancias.

Crypto Crime

Trump indultó a algunos de los peores directores ejecutivos del sector de las criptomonedas involucrados en lavado de dinero; la mayoría de ellos fueron condenados por fraude por la Comisión de Valores y Bolsa de Estados Unidos (SEC), y algunos vendían drogas en línea, como Ross Ulbricht del Silk Road, el mercado de drogas online más grande del mundo. Posteriormente, Trump aceptó generosas donaciones del lobby de las criptomonedas y se mostró receptivo a las presiones para reducir la regulación de este sector. Eliminó la jurisdicción de la SEC sobre las criptomonedas, lo que permite a las aplicaciones de tecnología financiera (FinTech) competir más de cerca con los bancos de Wall Street. La empresa de criptomonedas de la familia de Trump, World Liberty Financial, está ganando miles de millones gracias a inversiones en monedas estables. Su $USD1 se promociona como El dólar mejorado. Las monedas estables vinculadas al dólar estadounidense son otra idea tonta más que pretende contribuir a la estabilidad del dólar. Cuando Trump liberó a Ross Ulbricht, Sr, Ulbricht encontró por los menos 47 Millones en bitcoin esperándolo.

Koch Industries está entre las familias de “dinero viejo” más influyentes detrás de los libertarianos estadounidenses: llegó a ser en su momento la compañía privada más grande de los EE. UU. detrás de Cargill. Lo intentaron todo para popularizar las ideas libertarianas. Los hermanos Koch fundaron el Instituto CATO en 1977 y se lo entregaron al héroe de Milei, Murray Rothbard. También apoyaron a la Red Atlas, una red de think tanks que lleva décadas difundiendo ideas libertarianas con escaso éxito, al tiempo que gastan decenas de millones en donaciones a universidades privadas en un intento por blanquear sus ideas ante el mundo académico.

En materia de seguridad, Trump es autoritario. Prometió paz y luego entró en guerra en tres continentes; lo más importante es que su incursión en Irán, impulsada por la enemistad local con Israel, no está yendo bien. Trump gastó buena parte de un billón de dólares en el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) de la Seguridad Nacional y en el Pentágono durante su segundo mandato, gastos que no están financiados con impuestos. Trump permitió que el ejército de EE. UU. desplegara inteligencia artificial para la selección de objetivos en tiempo real, como el Proyecto Maven en Irán y Habsora/Gospel en Gaza. Permitir que las tecnologías de inteligencia artificial elaboren listas de personas a eliminar o controlen armas autónomas es extremadamente peligroso.

En cuanto al estado en sí Trump puso a Elon Musk al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE). Peter Thiel, socio de Musk en PayPal, se adhiere a la visión libertariana y reduccionista de Curtis Yarvin sobre el Estado estadounidense. Yarvin es el filósofo político de cabecera de Thiel. En lugar de “DOGE”, Yarvin usó el acrónimo «RAGE» (Retirar a todos los empleados del gobierno) para describir la misión de eficiencia de Musk Dos nombres, misma idea. Musk intentó reducir el Estado, pero fue en vano; desmanteló el gobierno, pero no ahorró dinero. Sin embargo, sí aprovechó su cargo en DOGE para saquear datos del gobierno, colocando a empleados técnicos de sus propias empresas en departamentos gubernamentales para descargar datos del Estado de EE. UU. a las bases de datos de Palantir, proporcionando así al Estado de EE. UU. las herramientas que necesita para potenciar el autoritarismo y permitir que el «Estado profundo» de EE. UU. le gane terreno a China. Parte de estos datos (del programa Medicare) llegaron a la aplicación ELITE de Palantir, que es usada para dar caza a los objetivos del ICE. Posteriormente, el ICE usó ELITE para llenar sus centros de detención con personas buscadas (incluso niños), causando un caos en materia de derechos humanos. Musk es un inmigrante africano, pero no es beneficiario de Medicare.

Trump redujo impuestos, lo que benefició principalmente a los muy ricos. Los recortes comenzaron siendo renovables (cada 5 años) y luego los convirtió en permanentes. Esto dejó un enorme agujero en el presupuesto. Primero, Trump emitió más deuda; luego, en medio de un pánico fiscal, impuso aranceles a las importaciones estadounidenses, calculando que sus votantes no se darían cuenta de que los aranceles de importación no eran más que un impuesto regresivo sobre los pobres que van de compras a Wal-Mart o duermen en sus camionetas en los estacionamientos de la misma cadena de mercados. Trump también intentó intervenir en el banco central de EE. UU. (la FED) para bajar las tasas de interés, desesperado por tapar el agujero en el presupuesto. La teoría libertariana impide gravar a los ricos o reducir el presupuesto del Pentágono, así que los magnates de Silicon Valley de Trump no permitirán que eso suceda.

Milei nunca intervendría en las tasas de interés. Hacerlo significaría interferir en las ganancias de los bancos privados. Como libertariano dogmático, Milei pone a los mercados en primer lugar y a la nación en segundo. Elegir a un libertariano para la presidencia cuando su intención es destruir el Estado es contraproducente.

Religión

La extrema derecha nunca está lejos de la religión. Milei, al igual que Trump, aprendió que para alcanzar el poder en la extrema derecha es necesario aliarse con sectas religiosas socialmente conservadoras. En Argentina y en Estados Unidos, parte de estos votos proviene de sectas judías y cristianas pentecostales. Además, se puede acceder a financiamiento a través de los considerables recursos que tiene a su disposición la secta católica de acceso exclusivo Opus Dei.

El propio Milei se alejó del catolicismo. Le gusta decir que está estudiando la Torá para convertirse al judaísmo. Como presidente de Argentina, Milei visitó Israel en múltiples ocasiones. Lloró ante las cámaras en el Muro de los Lamentos en Jerusalén. En muchos sentidos, apoya más el ataque contra Irán que Trump. En su decimoquinto viaje a EE. UU. desde que fue elegido, Milei dio un discurso en la Universidad Yeshiva de Nueva York. «Soy el presidente más sionista del mundo», le dijo a su audiencia.

La deuda y el dólar

Durante la campaña electoral, Javier Milei le dijo a su electorado que cerraría el Banco Central de Argentina y dolarizaría la economía. Esto habría significado que Argentina usaría la moneda estadounidense para todas las transacciones: impuestos, ahorros, pagos, eliminando así el peso argentino. Ecuador, El Salvador y Panamá dolarizaron sus economías, y a ninguno de ellos les fue bien. Milei luego se echó atrás en su promesa. A largo plazo, esta podría haber sido la mejor decisión económica de Milei hasta ahora, pero no le granjeó popularidad entre sus votantes.

Tanto Estados Unidos como Argentina tienen problemas con la moneda estadounidense; son dos caras de la misma moneda. Todas las naciones necesitan dólares, especialmente para la importación de materias primas, pero la situación es mucho peor en Argentina debido a la inestabilidad de su moneda.

Los países con monedas estables permiten que su población acumule ahorros en la moneda local. Estos ahorros locales, en bancos o fondos, ayudan a proporcionar crédito para financiar la economía local, reciclando esos depósitos con dinero recién creado. El dinero circula por la economía estimulándola en un círculo virtuoso.
Argentina es una economía impulsada por la exportación de materias primas, más aún ahora que Milei está contribuyendo a la desindustrialización del país. Argentina devalúa regularmente su moneda para abaratar su oferta laboral local en términos de dólares, lo que mantiene deprimidos los salarios locales. A esto lo llaman “devaluación competitiva”. No es bueno para los trabajadores argentinos, a menos que los costos locales, como la energía y los alimentos, sean baratos, lo cual requiere subsidios o controles de precios. Bajo el gobierno de Milei, los precios locales (en términos de dólares) se triplicaron. A mediados de 2026, muchos productos, servicios y alimentos son más caros que en Estados Unidos, y tanto la pobreza como la deuda de los consumidores se dispararon.

Las exportaciones de materias primas de Argentina, como la soja, el cobre o el oro, aportan dólares al banco central. Sin embargo, las importaciones de Argentina requieren gastar esos dólares del banco central para pagar las deudas. Los argentinos mantienen sus ahorros en dólares en efectivo (no en pesos), lo que genera una mayor escasez de dólares al absorber la oferta excedente local de la moneda. El neoliberalismo extremo de Caputo provocó un aumento vertiginoso de las importaciones y también causó que la deuda externa e interna se disparara. Argentina se comporta como un adicto insaciable que necesita cada vez más dólares.

Argentina, como la mayoría de las naciones, está profundamente endeudada, pero debido a su pésimo historial crediticio paga intereses exorbitantes por esta deuda. Para Argentina, las tasas de interés infladas del FMI son relativamente baratas, por lo que el país es el mayor deudor del FMI a nivel mundial. El FMI es un prestamista de última instancia. Algo tiene que cambiar financieramente en Argentina, pero no pasará hasta que Trump lo diga.
Trump decidió ayudar a Milei a ganar sus elecciones de mitad de mandato; por ahora, tiene sentido geoestratégico para Trump mantener a flote la economía argentina. Milei es un idiota útil para Trump y para Netanyahu. Trump ordenó a Bessent que inyectara dólares adicionales a Argentina para evitar un incumplimiento justo antes de las elecciones de mitad de mandato de Milei. La mayor parte de esos dólares regresó directamente a los prestamistas en forma de pagos de deuda, lo cual fue un buen negocio. El préstamo (técnicamente un swap) ayudó a Milei a obtener buenos resultados en las elecciones de mitad de mandato y evitó el colapso económico. La economía argentina está estancada pero viva, y los propios Caputo y Milei son ahora rehenes del dólar estadounidense.

Para el gobierno de Estados Unidos, el dólar estadounidense es una de sus mayores fortalezas, pero también su talón de Aquiles. Los bancos estadounidenses prestan demasiados dólares y la nación lleva décadas con déficit, absorbiendo importaciones y generando deuda. Cada vez es más difícil manejar esta deuda debido al aumento de los pagos de capital e intereses (que ahora supera el billón de dólares al año). Trump y Bessent también hicieron estallar la deuda de EE. UU. al reducir los impuestos a sus amigos multimillonarios del 0,01 % y al financiar las guerras de Netanyahu. Los republicanos suelen hacer esto, pero a los niveles de Trump la deuda pronto será insostenible.

El Clase Epstein y el 99.99%

La brecha entre los extremadamente ricos y el resto de la población en Estados Unidos en la década de 2020 está por encima de la propia Edad Dorada de los barones ladrones; es la peor brecha de este tipo en casi la mitad de los 250 años de historia de la república. En Argentina, la brecha de riqueza es peor que en Estados Unidos. Siempre lo fue. La inestabilidad social causada por estos extremos representa una amenaza para la riqueza de los multimillonarios en ambas naciones. Los multimillonarios patrocinadores de Trump se dieron cuenta rápidamente de que los argumentos económicos libertarianos ayudan a proteger su propia riqueza; cuentan con excelentes contadores e incluso pueden permitirse contratar a grupos de presión para que les consigan leyes fiscales a la medida cuando las necesitan.

En el peor de los casos, los multimillonarios pueden comprar sus propios países; muchos de los más ricos demostraron interés en invertir para formar sus propios Network State (Estado-red) como el de Próspera en la isla de Roatán, en Honduras. Milei también se sitúa en la franja más radical en lo que respecta a los impuestos. Él califica los impuestos de «robo». Ni Milei ni Trump parecen considerar que los contratos gubernamentales sin licitación sean un «robo».

Trump respeta a sus mecenas políticos. Los acuerdos de quid pro quo, aunque técnicamente ilegales, son comunes en una plutocracia. Por ejemplo, Trump está ocupado desregulando los sectores de tecnología financiera, biotecnología y criptomonedas; todos ellos están llenos de enormes inversiones de capital de riesgo de Silicon Valley. Los inversionistas de capital de riesgo patrocinan el proyecto político MAGA de Trump. Una mano lava la otra.

Trump también está desmantelando con entusiasmo la normativa medioambiental. Deshizo la mayoría de las iniciativas de energía verde de Biden, reemplazándolas por políticas perversas como el aumento de las exportaciones de gas natural licuado (GNL) obtenido mediante fracking e incentivos locales para el «carbón limpio»

Lo más importante para los multimillonarios de Silicon Valley es que Trump siga protegiendo la IA estadounidense frente a la regulación. Incluso los propios tecnólogos de la IA advierten que esta es una política extremadamente peligrosa. Paradójicamente, cuando los modelos avanzados de Claude, de Anthropic, revelaron riesgos de seguridad para el sector bancario a mediados de 2026, Trump entró en pánico, cambió de opinión e impuso controles a la IA para proteger a los bancos. Incluso decidió iniciar conversaciones sobre cooperación en materia de regulación de la IA con China, un giro de 180 grados en ambas políticas.

Las personas pobres, por lo general, no poseen bienes. Los multimillonarios pueden comprarse una nueva mansión cada semana solo con los ingresos de su patrimonio, sin siquiera vender activos en acciones. Las teorías económicas libertarianas generalizan los derechos de propiedad más allá de la tierra y los edificios para incluir también la propiedad de acciones y el derecho a las ganancias generadas por los trabajadores en las empresas que esos inversionistas poseen. Consolidar los derechos de propiedad es sumamente importante para los ricos, al igual que prevenir o eliminar los impuestos sobre el patrimonio y minimizar el impuesto a la sucesión. Si la IA va a reemplazar a los trabajadores, luego la propiedad de las empresas con producción basada en IA podría requerir nuevas leyes, como el proyecto de ley del fondo soberano de Bernie Sanders, para mantener a flote a los países y evitar que los pobres y los desempleados caigan en la pobreza extrema. Eso sería muy antilibertariano.

En Argentina, tanto el impuesto sobre el patrimonio como el impuesto a la sucesión son nulos o casi nulos; sin embargo, durante la pandemia de COVID-19 se impuso un pequeño impuesto sobre el patrimonio a los súper ricos para compensar el daño causado a la economía, lo que provocó pánico entre algunos argentinos muy ricos, algo que benefició la campaña electoral de Milei

Caos Climático

La desregulación libertariana de los controles ambientales brinda excusas al sector privado para seguir generando ganancias, incluso si la generación de esas ganancias requiere usar más combustibles fósiles, lo que, a su vez, agrava el caos climático. Los dioses del mercado (los accionistas de las corporaciones beneficiados por el uso de combustibles fósiles) pueden así seguir trasladando los costos ambientales a la sociedad. Esto se aplica a todo tipo de actividades comerciales, muchas de las cuales son totalmente innecesarias. Por ejemplo, la construcción de más hoteles, el turismo de cruceros, la expansión militar global, las guerras y miles de nuevos centros de datos de inteligencia artificial.

Tanto Milei como Trump niegan el cambio climático provocado por el ser humano. El hecho de que sus negaciones carezcan de fundamento y sean erróneas no les importa, ni les causa suficiente daño político debido a la ignorancia generalizada sobre el clima y a la desinformación. Lo único que ven es dinero, votos y poder. El caos climático es invisible tanto en la teoría económica neoclásica como en la libertariana, pero se está volviendo cada vez más evidente.

Ponerle un precio al carbono liberado a la atmósfera en forma de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, gravar esas emisiones, las reincorpora al sistema económico porque le asigna al daño climático un costo que deben pagar. Los dueños de las empresas lo saben, por lo que se oponen enérgicamente a este impuesto para proteger sus ganancias. Si bien ponerle un precio al carbono podría eliminar parte del exceso de emisiones de gases de efecto invernadero, no servirá de nada para contrarrestar la pérdida de biodiversidad. ¿A cuánto asciende la multa para una empresa que contribuye a la extinción de una especie?

Por supuesto, con la aceleración del aumento del nivel del mar y los fenómenos climáticos extremos, la inmunidad del capital frente al caos climático se está desmoronando. Esto comenzó en Suiza con el sector de los reaseguros. Los analistas de riesgos en las empresas de reaseguros analizan el costo de la cobertura de los seguros de vivienda, por ejemplo. Si una ciudad se incendia, alguien tiene que pagar los costos de reconstrucción. El reaseguro cubre los daños por incendios forestales e inundaciones, así como las muertes por olas de calor. Estos incendios pueden ocurrir en zonas con gran cantidad de activos, como los incendios de 2025 en el sur de California, en los que los reaseguros pagaron miles de millones.

Los seguros están empezando a hacer que el daño ambiental sea visible para el capital, que lo paga a través de sus pólizas de seguro si existe un seguro disponible. Si no fuera así, las hipotecas se volverían imposibles por falta de cobertura en ciertas zonas como el sur de California. Esto está causando cierto pánico en los sectores bancario e inmobiliario. La teoría económica libertariana entierra este caos climático como un avestruz que esconde la cabeza en las cenizas. Es una forma de negarse a enfrentar la realidad. Los costos humanos y ambientales, como las hambrunas, están extremadamente subestimados de manera deliberada. La “libertad de contaminar” es una auténtica locura, pero forma parte del evangelio libertariano. A corto plazo, la contaminación industrial y militar, junto con la destrucción que causa la guerra, benefician a los fabricantes de armas; pero a largo plazo son el suicidio de la sociedad. Los libertarianos no piensan a largo plazo.

Los políticos libertarianos están empeñados en evitar pagar por el caos climático que están ayudando a crear. En su mundo de estrechos horizontes, les conviene argumentar que la «sociedad» no existe. Margaret Thatcher, la primera ministra del Reino Unido que ayudó a lanzar el neoliberalismo, también estaba influida por tendencias libertarianas. Ella dijo lo siguiente:


No existe tal cosa como la sociedad. Hay individuos, hombres y mujeres, y hay familias. Y ningún gobierno puede hacer nada más que a través de las personas, y las personas deben velar primero por sus propios interese


La lógica libertariana thatcherista hace que el cambio climático sea irrelevante. Incluso cuando se reconoce su relevancia (por parte de los ejecutivos corporativos), la junta directiva «debe velar primero por sus propios intereses», lo que significa que siempre protegerán sus ganancias antes que el medio ambiente. Esto es lo que ocurre actualmente en la mayoría de las empresas, que a menudo enmascaran sus actividades con iniciativas insustanciales de responsabilidad social corporativa (que a menudo no es ni social ni responsable)

Esto también supone un problema de coordinación internacional para combatir el cambio climático. Las naciones que compiten entre sí, bajo esa lógica de la teoría de juegos, también se ponen a sí mismas en primer lugar. Ninguna nación está incentivada a actuar primero para cooperar en materia climática, por lo que niegan la existencia del cambio climático. O como dijo Frederic Jameson; «Hoy en día nos resulta más fácil imaginar el deterioro generalizado de la Tierra y de la naturaleza que el colapso del capitalismo en estado terminal». En un juego competitivo de suma cero, ninguna nación será la primera en permitir que se debilite su ejército o su economía. La suma cero significa que el mundo está condenado al colapso. Esto debe cambiar, pero no puede hacerlo bajo la lógica libertariana. Una vez más, ¡ese es el punto!

Ni Milei ni Trump hablan del caos climático, la extinción de especies o la biodiversidad. Para un libertariano y para los neoliberales, estos conceptos son intangibles. Los economistas los llaman «externalidades» porque, literalmente, no se pueden cuantificar en dólares. Aquellos que apoyan a los think tanks libertarianos van más allá para protegerse. Muchos pertenecen al sector petrolero o son muy dependientes del mismo sector. Algunos oligarcas literalmente compran sus propios medios de comunicación, periódicos y plataformas de redes sociales. Esto les permite publicar noticias falsas o aplicar censura a las noticias reales. También pueden escribir artículos de opinión para respaldar ciertas campañas políticas. Esto ayuda a acallar las voces de los científicos, cada vez más alarmados. El consejo editorial del Washington Post quería tomar una postura en contra de la última elección de Donald Trump. El dueño del periódico, Jeff Bezos (quien también es dueño de Amazon Inc. y de varios cohetes espaciales), impidió que eso sucediera. Al igual que los jefes de la mafia, en un juicio por el clima intentan destruir la evidencia eliminando a los testigos. Es menos probable que escuches a los científicos especializados en el clima si ningún periodista los entrevista.

Milei y Trump son aún más proactivos: ayudaron a destruir la investigación climática en sus propios países, retirando los fondos para investigación e incluso para los pronósticos meteorológicos. En EE. UU., Trump incluso tiene desactivados los datos sobre el aumento del nivel del mar y las temperaturas oceánicas (transmitidos desde el espacio por satélites de monitoreo climático increíblemente costosos). Los mecenas petroleros de Trump no quieren que la sociedad conozca la verdad sobre este caos global que se está gestando. Eso sería malo para los negocios. La ignorancia intencional de Milei fue más allá de recortar fondos a la ciencia: también amenaza con retirarse del Acuerdo de París. Trump ya lo hizo… ¡Dos vecesLos seres humanos y la naturaleza

Los seres humanos y la naturaleza

¿Acaso la humanidad se encuentra en una encrucijada, coincidiendo con los avances en la inteligencia artificial? ¿O tal vez no sea una encrucijada, sino un callejón sin salida? Tanto Pekín, en China, como Silicon Valley, en California, están a toda máquina desarrollando tecnología bélica con inteligencia artificial para aniquilarse mutuamente. A nivel humano, esto significa que la humanidad se está convirtiendo cada vez más en una especie desbocada, desconectándose cada vez más de la vida, al tiempo que destruye la biodiversidad y contamina la atmósfera. ¿Qué tan sano es esto? Quizás debamos dejar de destruir la naturaleza y de alterar nuestro entorno, y darle a la vida la oportunidad de recuperarse, dando tiempo para que la biodiversidad vuelva a ser diversa y recupere su esplendor. Quizás eso también nos salve a nosotros. Sin duda alguna, salvará a muchas otras especies.

Pero este no es el camino que estamos siguiendo actualmente; todo lo contrario: nuestros sistemas económicos no le asignan ningún valor a la biodiversidad, por lo que no hay recompensa (ni atención generalizada) para la biodiversidad en nuestras sociedades. De hecho, es un tema marginal para la mayoría de la gente. Quizás sea hora de hacer una pausa y tratar de entender esta enorme dicotomía entre la tecnología y la vida, la tecnologia sí esta en vias de diversificación. Quizás sea hora de mirar con sospecha a los dueños de estas asombrosas tecnologías que se usan para matar personas y dañar el medio ambiente.

El capital de Silicon Valley está empeñado en crear y entrenar máquinas «pensantes». Cada iteración de su inteligencia sintética se denomina «modelo». Los modelos llevan nombres de la mitología griega; de hecho, uno se llamaba Mythos (que en grecia es una cerveza). Esta carrera increíblemente cara hacia el abismo del caos climático es totalmente innecesaria. Sus especialistas en marketing (los que comercializan acciones y no productos) dicen que solo necesitan construir unos cuantos miles de nuevos centros de datos. No dicen que estos funcionan con combustibles fósiles y se refrigeran extrayendo billones de litros de agua potable de nuestras fuentes de agua para consumo humano y riego.

Nadie les cree, así que sus líderes dicen que necesitan los centros de datos debido a la competencia militar con China o Washington, D.C. (dependiendo de qué lado del océano Pacífico se encuentren).

Pero, ¿qué quieren hacer con estas nuevas IA, en caso de que alguna vez lleguen a ser realmente útiles? No están resolviendo el cambio climático, eso es seguro. En cambio, le están vendiendo más armas al Pentágono, a los ucranianos, a los israelíes y al Partido Comunista Chino. Utilizan UAV, básicamente drones suicidas; máquinas de matar. Su marketing presume de cómo la IA puede «optimizar la cadena de destrucción». Musk y Bezos lanzan cientos de cohetes al espacio para enviar allí arriba miles de nuevos satélites militares con el fin de librar más guerras y matar a más personas con mayor precisión. ¿Es eso realmente lo que necesitamos en este momento?
Esta obsesión por la tecnología está acelerando nuestro suicidio, destruyendo nuestro planeta y creando armas que nos matan con mayor eficiencia. Somos nosotros quienes estamos en el último eslabón de su cadena de destrucción, en una guerra mundial en la que todos somos enemigos de alguien. Ahora, estos mismos psicópatas nos dicen que debemos ser capaces de ganar una guerra con armas autónomas controladas por IA, sumando esto a la amenaza nuclear. Algo me dice que otra tecnología de extinción no va a ser la solución.

Luego, casi como un comentario al margen, nos dicen que, si seguimos desarrollando esta tecnología, también podría ayudar a salvar el planeta. Al señalar que ya había 4500 centros de datos en funcionamiento (solo en los EE. UU.), algunos de ellos con el consumo eléctrico de ciudades enteras, el sitio de información climática DeSmog escribió en julio de 2026: «El mito de la IA era que daría lugar al bienestar y al progreso humanos. Sin embargo, en el lapso de unos pocos años, las grandes empresas tecnológicas pasaron de prometer avances climáticos a destruir el medio ambiente».

La aceleración de la actividad tecnológica humana está socavando la biodiversidad y el medio ambiente y amenazando la vida en la Tierra. Estos son precisamente los sustratos vivos de los que hemos dependido durante millones de años para seguir vivos. Ya desencadenamos la sexta gran extinción. El uso excesivo de combustibles fósiles desestabilizó el clima del Holoceno. El caos climático comenzó. Fue precisamente este entorno tan estable el que permitió que nuestra especie (y muchas otras) prosperara; nos dio la oportunidad de construir civilizaciones. Ahora estamos desestabilizando a sabiendas este clima para construir más máquinas de guerra.
Necesitamos otra civilización, un tipo diferente de economía, si se quiere, y sin duda una política diferente, algo compatible con el planeta, no algo que ayude a los multimillonarios a convertirse en billonarios. No necesitamos el aprendizaje automático para que nos enseñe cómo reequilibrar nuestra relación con «la naturaleza». Los seres humanos hemos vivido en equilibrio con la naturaleza durante milenios. La degradación de nuestra relación con los suelos, los mares y la atmósfera es producto de una codicia extrema, que es la fuerza motriz de los sistemas económicos actuales. Las ideas libertarianas harán que esto vaya de mal en peor, mientras los dueños de estas tecnologías se suben a sus cohetes hacia Marte o se esconden en búnkeres en Nueva Zelanda. ¿A quiénes intentan engañar las empresas de IA?

Guerra

Trump y Netanyahu están provocando guerras terribles e insostenibles, todas ellas con una probabilidad cada vez mayor de acabar con la humanidad. Ambos fueron elegidos gracias al apoyo de sectas religiosas apocalípticas y de las poblaciones locales que apoyan estas guerras. Mientras tanto, parece que no podemos resolver nuestro cisma con la naturaleza. Quizás estos dos hechos estén relacionados.

Nuestros sistemas educativos nos dicen que lancemos a nuestros oligarcas al espacio, pero es obvio que, en cambio, debemos enfocarnos en proteger nuestro planeta de ellos. Los perros de la guerra, Estados como Israel, Estados Unidos, el Reino Unido y Corea del Norte, nos venden teorías económicas una más absurdas que la otra (y ninguna funcionó). Estamos a bordo del tren rápido y directo a la extinción.

Los libertarianos lideran la carrera hacia la extinción (tienen sillas en primera clase). Pero los extinguidos serán los pobres, que no pueden permitirse sus búnkeres privados. El poder tecnológico y financiero que tienen despliega tecnologías cada vez más psicóticas destinadas a nuestra matanza; ya lo pudimos ver en acción en Gaza. Mientras Palantir, Anduril y White Stork encienden la cadena de destrucción, sus vendedores de tecnología comercial afirman lograr “tasas de mortalidad del 70 %”. ¡Están matando a seres humanos, a ti y a mí! No hay un «otro». Psicópatas como Eric Schmidt o Alex Karp construyen fábricas de robots controlados por IA para fabricar drones suicidas automatizados que bombardeen nuestras ciudades. Las corporaciones de IA, sus dueños libertarianos y sus tecnólogos «incel» están ansiosos por conseguir los jugosos contratos del Pentágono, las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), la CIA y el Mossad. Todos están comprometidos con acelerar la destrucción humana.

Pero seguimos aquí.

Revolución or Extinción

En lugar de idolatrar a esos hombres-niños de Silicon Valley que actúan como señores de la guerra, tal vez podríamos hacer algo útil por nosotros mismos por una vez. Podríamos empezar por minimizar el cambio climático descontrolado y regular la IA para evitar un futuro al estilo de Terminator. Quizás si dejáramos de usar sus plataformas de redes sociales, podríamos detener sus sectas de muerte tecnológica y ponernos manos a la obra para construir una nueva economía, un sistema ecológico que le asegure a la humanidad un futuro digno. ¿Quizás, ya que estamos, podríamos detener la extinción de especies y darle a nuestro clima y a la naturaleza la oportunidad de recuperarse de nuestros errores? La naturaleza aún podría recibirnos de nuevo con los brazos abiertos. Todavía podemos elegir la vida, en lugar de un futuro distópico y oscuro dominado por máquinas de IA.

Recuperemos el control de manos de estos hombres-niños. El futuro es la naturaleza. El futuro es femenino. El futuro es ecológico y social. Siempre lo fue. Las teorías económicas libertarianas, degradadas e inútiles, nunca funcionaron y nunca lo harán. No aportan soluciones; son el problem

Es hora de restablecer el equilibrio entre la vida humana y toda la vida. La inteligencia sintética alimentada de las entrañas de un pensamiento fallido del pasado no nos llevará al Nirvana. Estos supuestos avances en IA y el dinero oscuro que los respalda nos dieron experimentos fallidos de extrema derecha en el fascismo con monstruos como Trump y Milei. Los movimientos «America First» o «Israel First» están impulsados por hombres-niños militares mesiánicos y sectas libertarianas. Es hora de poner fin a este callejón sin salida Hegsethiano antes de que acabe con nosotros. Hay que frenar el libertarianismo y redistribuir la riqueza de una manera compatible con la vida en la Tierra, no como un juego de guerra de inteligencia artificial de suma cero. Recuperemos el control democrático sobre los medios de producción, lo que significa elegir qué producimos y cómo, para hacer que nuestra economía pueda volver a ser compatible con nuestra supervivencia en prosperidad. Es posible (aunque no sea tan rentable como el suicidio).

Si esto requiere una revolución (y así es), yo ya estoy ahí. ¿Me acompañas? No tenemos nada que perder, salvo nuestra extinción.

Este ensayo es una adaptación de la obra del autor, de próxima publicación, sobre el auge de la extrema derecha en el continente americano, resultado de la investigación y la experiencia vivida en Silicon Valley en las décadas de los noventa y los 2000, y en Argentina en las dos décadas siguientes.

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